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113 años de historia y tres puntos en juego

21 de febrero de 2026
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En el fútbol, los aniversarios son gasolina emocional. Pero no ganan partidos. Y eso es exactamente lo que le espera esta tarde al Real Racing Club ante el Burgos CF en los Campos de Sport de El Sardinero, en la jornada 27 de la Segunda División.

El Racing celebra 113 años de historia. Equipación especial, entrenamiento a puertas abiertas, recibimiento, corteo… todo preparado para una tarde grande. El club ha entendido la importancia simbólica de la fecha y ha convertido el partido en una fiesta.

El problema es que el fútbol no entiende de romanticismo cuando el balón empieza a rodar.

Y el Racing, ahora mismo, necesita algo más que emoción.

La derrota en Eibar dejó algo más que tres puntos por el camino: dejó dudas. Dudas en la portería, donde Jokin Ezkieta volvió a estar en el foco; dudas en defensa, con Facu señalado; y, sobre todo, un problema estructural en ataque que empieza a ser preocupante.

La maldición del ‘9’ en El Sardinero ya no es una broma: es una realidad que condiciona al equipo.

Arana vuelve a caer lesionado. Manex fuera lo que resta de temporada. Villalibre no llegará hasta marzo. Jaime Mata aún no está para sostener el peso ofensivo.

No hay refuerzos del filial. Resultado: Guliashvili volverá a actuar como referencia, un rol que cumple con voluntad pero que no termina de optimizar sus virtudes.

El Racing genera, pero le falta colmillo. Y en esta categoría, sin pegada, el margen de error es mínimo.

A las bajas en ataque se suma la ausencia de Gustavo Puerta por sanción y la de Pablo Ramón una semana más. José Alberto ha salido a proteger a los suyos en rueda de prensa, confirmando la continuidad de Ezkieta bajo palos y dejando entrever que no habrá revolución en el eje de la zaga.

Es un mensaje claro: confianza en el bloque. Pero también es una apuesta arriesgada en un momento en el que el equipo necesita certezas.

Enfrente estará un Burgos con 40 puntos, rozando el playoff, que llega en buena dinámica (dos empates y una victoria) y con la tranquilidad del que no tiene la obligación inmediata.

No es una final. Pero sí es uno de esos partidos que marcan trayectorias. Si el Racing gana, convierte la celebración en impulso y reafirma su candidatura al ascenso directo.

Si no lo hace, el aniversario quedará como un decorado bonito para una tarde incómoda y puede empezar a abrirse una grieta en la dinámica.

La historia pesa, pero los puntos pesan más. El Sardinero empujará. El ambiente será de los grandes días.

Ahora toca comprobar si el Racing está preparado para que la fiesta no se quede solo en lo simbólico y se traduzca en lo único que de verdad importa en febrero: sumar de tres y sostener el sueño del ascenso directo.

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