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Reseña “Melocotón loco” de Megan Maxwell

Las de Megan Maxwell, se devoran con la misma ansiedad con la que uno abre la nevera a las dos de la mañana buscando algo dulce. Melocotón loco pertenece exactamente a esa categoría: la de los libros que empiezas pensando “voy a leer un par de capítulos” y acaban robándote la tarde entera.

Aquí nos encontramos con Ana, una fotógrafa inglesa instalada en Madrid que ha decidido construirse una vida lejos del apellido, el dinero y las apariencias de su familia. Y eso me gustó mucho del personaje desde el principio. Porque detrás de esa fachada divertida y algo caótica hay una mujer empeñada en demostrar que puede salir adelante sola. Sin privilegios. Sin escudos.

Luego llega Rodrigo. Bombero. Guapo hasta resultar ofensivo. Mujeriego, impulsivo y con esa seguridad de quien está acostumbrado a gustar demasiado. Lo interesante es que Megan no convierte su relación en un flechazo perfecto ni en un romance de cuento. Todo lo contrario. Entre ellos hay tiras y aflojas, malentendidos, orgullo, silencios absurdos y momentos en los que dan ganas de entrar en el libro para zarandearlos a ambos.

Y aun así funcionan.

Porque si algo tiene Melocotón loco es corazón. Mucho más del que aparenta al principio.

La novela arranca como una comedia romántica fresca, llena de diálogos rápidos y situaciones disparatadas, pero poco a poco va dejando espacio para temas bastante más serios. Megan Maxwell introduce el miedo a confiar, la inseguridad emocional, las relaciones tóxicas e incluso la violencia psicológica sin romper el tono cercano de la historia. Y eso tiene mérito. No convierte el libro en un drama, pero tampoco se queda en una simple sucesión de escenas divertidas y tensión sexual.

Ana me pareció uno de esos personajes que sostienen una novela entera casi sin esfuerzo. Tiene personalidad, mete la pata, se deja llevar por el orgullo y toma decisiones discutibles, sí, pero precisamente por eso resulta humana. Hay momentos donde uno entiende perfectamente sus reacciones, incluso cuando se equivoca.

Rodrigo, por su parte, tarda más en abrirse. Empieza siendo el típico conquistador que parece vivir encantado consigo mismo, pero la historia le obliga a bajar las defensas. Y ahí mejora muchísimo. Cuando Megan deja ver sus inseguridades y sus contradicciones, el personaje gana profundidad y deja de ser solo “el bombero atractivo”.

Pero si hay algo que termina de darle vida al libro son los secundarios. Nekane es un terremoto maravilloso. Encarna aporta ese calor de vecina entrañable que convierte ciertas escenas en puro confort lector. Y luego están personajes capaces de despertar una ternura enorme o unas ganas tremendas de gritarles a la cara. Señal de que funcionan.

También hay que decirlo: el libro tiene ese estilo tan reconocible de Megan Maxwell. Expresiones cercanas, humor constante, diálogos exagerados a propósito y escenas cargadas de pasión sin demasiadas vueltas. A algunos lectores les encantará y otros sentirán que a veces todo es demasiado intenso o demasiado novelesco. Pero quien entra en una novela de Megan ya sabe un poco a qué juega la autora: emociones grandes, personajes impulsivos y cero miedo al drama romántico.

Lo mejor es que, debajo de toda esa energía, Melocotón loco deja una sensación bonita. De esas historias imperfectas que consiguen hacerte reír, enfadarte y enternecerte casi al mismo tiempo.

No será la novela que cambie tu vida. Pero sí una de esas lecturas capaces de arreglarte un fin de semana.

Y a veces eso vale muchísimo.

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