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Reseña “El círculo de los días” de Ken Follett

Una llanura inmensa, unas piedras imposibles de mover y una pregunta que lleva siglos desafiando a historiadores, arqueólogos y viajeros. Antes de que Stonehenge se convirtiera en uno de los monumentos más enigmáticos del mundo, Ken Follett imaginó la historia de las personas que pudieron hacerlo realidad. Y, como suele ocurrir con él, lo importante no son las piedras, sino quienes dejaron la vida para levantarlas.

El círculo de los días traslada al lector al Neolítico, un periodo poco habitual en la novela histórica y, precisamente por eso, especialmente atractivo. Follett evita convertir la narración en una lección de arqueología y apuesta por lo que mejor sabe hacer: construir personajes con objetivos claros, conflictos constantes y una trama que nunca deja de avanzar. La hipotética construcción de Stonehenge sirve como eje, pero alrededor de ella se despliegan rivalidades entre tribus, luchas por el poder, amores prohibidos y la eterna batalla por la supervivencia.

Uno de los grandes méritos de la novela es hacer cercana una época de la que apenas conocemos fragmentos. Sin renunciar a una base histórica sólida, el autor llena los vacíos con ficción, logrando que el lector sienta que esos hombres y mujeres pudieron haber existido realmente. Las relaciones familiares, las tensiones entre agricultores, pastores y habitantes del bosque o el peso de las creencias religiosas adquieren una naturalidad que hace olvidar los más de cuatro mil años que nos separan de ellos.

La narración mantiene el ritmo característico de Follett. Cada capítulo introduce nuevos conflictos y cada decisión tiene consecuencias que impulsan la historia hacia adelante. No es una novela dominada por las grandes batallas, sino por el ingenio, la ambición y la resistencia humana frente a una naturaleza tan fascinante como implacable. Incluso el proceso de trasladar y levantar los enormes bloques de piedra, que podría parecer un asunto puramente técnico, termina convirtiéndose en uno de los aspectos más absorbentes del relato.

También resulta interesante comprobar cómo el autor adapta su estilo al periodo que retrata. La prosa es más directa y sencilla de lo habitual, una elección que algunos lectores pueden encontrar desconcertante al principio, pero que acaba encajando con un mundo donde la vida gira en torno a necesidades elementales y decisiones inmediatas.

El círculo de los días demuestra, una vez más, la extraordinaria capacidad de Ken Follett para transformar un episodio remoto de la historia en una narración profundamente humana. Es una novela de aventuras, de descubrimientos y de perseverancia, que invita a mirar Stonehenge con otros ojos y a recordar que detrás de los grandes monumentos siempre hubo personas de carne y hueso, con miedos, sueños y una voluntad capaz de desafiar el paso del tiempo.

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