Si Kvothe ya te había dejado con ganas de saber hasta dónde podía llegar, en El temor de un hombre sabio Patrick Rothfuss directamente se dedica a llevarlo por todos los caminos posibles. Y lo mejor es que nunca sabes muy bien por dónde va a salir.
Esta edición limitada de Debolsillo, además, es una auténtica pasada para quien quiera tener la saga en físico: tapa dura, cantos naranjas brillantes y detalles de impresión en naranja metalizado. Tiene ese aspecto de edición especial que hace que destaque muchísimo en la estantería y, sinceramente, le pega bastante a un libro de estas dimensiones.
Después de El nombre del viento, volver a Kvothe era una apuesta complicada porque las expectativas estaban altísimas. Y aquí Rothfuss hace algo curioso: en lugar de acelerar la historia y llevarnos directamente hacia los Chandrian, se dedica a ampliar el mundo y a enseñarnos todo lo que le ocurre a Kvothe por el camino.
Y sí, entiendo perfectamente que esto pueda desesperar a algunos.
Porque si estás leyendo esperando que Kvothe avance constantemente hacia descubrir quién mató a su familia, vas a tener momentos en los que pensarás: “Patrick, ¿podemos volver un momento a lo importante?”
Pero precisamente ahí está la gracia.
Porque esta historia no parece estar contando solamente cómo Kvothe consigue su venganza. Está contando cómo un chico termina convirtiéndose en la leyenda que todo el mundo conoce. Y para entender esa leyenda necesitas conocer todas las historias que hay detrás.
Kvothe sigue siendo ese personaje que parece saber hacer absolutamente de todo. Aprende idiomas, mejora en combate, sigue avanzando en la Universidad, se mete en problemas constantemente y consigue salir de situaciones en las que cualquier otra persona probablemente habría terminado bastante peor.
Pero también tiene algo que hace que funcione tan bien: es tremendamente humano dentro de lo extraordinario que es. Su orgullo, su impulsividad, su necesidad de demostrar constantemente lo que vale y su incapacidad para dejar algunas cosas atrás terminan metiéndolo en tantos problemas como sus enemigos.
Y luego están todos esos viajes y aventuras que, sobre el papel, parecen desviarse de la historia principal. La búsqueda de los bandidos, su estancia lejos de la Universidad, sus aprendizajes, las historias que escucha, los personajes que conoce… incluso ese encuentro completamente inesperado con Felurian.
Son capítulos que podrían parecer secundarios, pero mientras los estás leyendo resulta muy difícil querer saltártelos. Rothfuss tiene esa capacidad de hacer que una conversación alrededor de una hoguera, una historia contada por un personaje o una pequeña escena aparentemente insignificante termine atrapándote por completo.
Y qué decir de la prosa.
Rothfuss escribe de una manera que hace que la fantasía tenga algo casi físico. El viento, la música, los nombres, la magia… todo parece tener un significado más profundo. No es una magia basada únicamente en lanzar hechizos espectaculares, sino en comprender cómo funciona el mundo y aprender a mirarlo de otra manera.
Eso es probablemente lo que más me gusta de esta saga.
No tienes la sensación de estar simplemente leyendo una aventura fantástica. Tienes la sensación de estar escuchando a alguien contar una historia que lleva muchísimo tiempo esperando para ser contada.
Y después de más de mil páginas llegas al final y te das cuenta de algo bastante cruel: seguimos teniendo muchísimas preguntas.
Porque sí, Kvothe ha aprendido, ha viajado, ha cometido errores, ha conseguido cosas increíbles y se ha acercado un poco más a convertirse en la figura legendaria que conocemos. Pero la gran historia sigue ahí, esperando.
Los Chandrian siguen siendo un misterio. Su pasado sigue teniendo agujeros. El Kvothe del presente sigue siendo una incógnita. Y nosotros seguimos esperando ese tercer libro que debería cerrar todo esto.
Mientras tanto, nos queda este.
Más de mil páginas de Kvothe, magia, música, aventuras, historias dentro de historias, personajes que se quedan contigo y una de las prosas más bonitas que puedes encontrar dentro de la fantasía moderna.
¿Es perfecto? No. ¿Es más disperso que El nombre del viento? Probablemente. ¿Me lo he pasado genial leyéndolo? Absolutamente.
Y si ya has leído el primero, seguramente sabes exactamente lo que viene después: terminar este, mirar la estantería, mirar internet, comprobar por enésima vez si existe alguna novedad sobre el tercero y volver a preguntarte cuánto tiempo más vamos a tener que esperar.
Para mí, una lectura imprescindible para cualquier amante de la fantasía y, en esta edición limitada de Debolsillo, una auténtica pieza de colección.