El caso que conmocionó a Santander y que debía sentar un precedente en los tribunales ha terminado de la peor forma posible: sin juicio, sin condena y con la sensación de que la justicia ha vuelto a fallar.
Eduardo Mirones Gómez, el conductor acusado de arrebatar la vida a una mujer de 72 años en la S-20 el pasado enero, fue encontrado ahorcado este miércoles en su celda de la prisión de El Dueso durante el recuento matinal de internos.
El hallazgo, confirmado por fuentes penitenciarias, ha encendido la indignación entre vecinos y familiares de la víctima, que llevaban meses esperando un proceso judicial que nunca llegará.
Mirones, cuya conducción temeraria acabó con la vida de una anciana que simplemente volvía a casa, no tendrá que rendir cuentas ante un juez.
La noticia ha abierto un intenso debate sobre la gestión del sistema penitenciario, la prevención de suicidios y la aparente falta de control en casos de alto impacto social.
Muchos se preguntan cómo es posible que, en una cárcel, un preso tan mediático haya podido quitarse la vida sin que nadie lo impidiera.
Para la familia de la mujer atropellada, esta muerte no es un cierre, sino un golpe más.
El sentimiento general es de rabia e impotencia: la tragedia de enero queda ahora sin un veredicto y sin una condena que sirviera como advertencia.
En las calles de Santander, la frase que más se escucha hoy es la misma: “Se ha ido sin pagar por lo que hizo”.
0 comentarios