...

Reseña edición especial «Binding 13» de Chloe Walsh (Chicos Tommen 1)

El primer vistazo a esta edición especial de *Binding 13* ya deja claro que estamos ante un libro pensado para quedarse en la estantería: tapa dura, cantos tintados en rosa y un lomo principal con un llamativo efecto arcoíris metalizado que encaja especialmente bien con una historia tan ligada a la adolescencia, los primeros amores y todas esas emociones que parecen demasiado grandes para caber dentro de un instituto. Pero lo verdaderamente importante está dentro, porque Chloe Walsh consigue convertir una historia que sobre el papel podría parecer la típica novela de romance adolescente en algo bastante más amplio.

Shannon Lynch llega a Tommen después de haber vivido una etapa escolar marcada por el acoso y con una situación familiar que hace que regresar a casa tampoco sea precisamente sinónimo de tranquilidad. Su entrada en un colegio privado, rodeada de personas que pertenecen a un mundo completamente diferente al suyo, podría haber servido simplemente como excusa para colocarla frente al chico popular del equipo de rugby. Sin embargo, *Binding 13* decide tomarse su tiempo y construir algo mucho más pausado.

Johnny Kavanagh es una estrella del rugby, tiene talento, popularidad y un futuro que parece perfectamente encaminado, pero tampoco vive exactamente la vida despreocupada que cualquiera podría imaginar desde fuera. La relación que se establece entre ambos funciona precisamente porque no aparece de golpe. Primero está la curiosidad, después la confianza, luego una amistad que empieza a adquirir otra dimensión y finalmente unos sentimientos que ninguno de los dos sabe demasiado bien cómo manejar.

Y ese ritmo lento es probablemente una de las grandes claves del libro. *Binding 13* no tiene ninguna prisa por llegar al romance. Chloe Walsh dedica una cantidad enorme de páginas a mostrar conversaciones, pequeños gestos, trayectos juntos, bromas, silencios y momentos aparentemente cotidianos que terminan siendo importantes porque permiten entender qué significa cada personaje para el otro. Puede parecer excesivo para quien busque una historia rápida, pero precisamente esa acumulación consigue que la relación tenga un peso emocional mucho mayor cuando finalmente empieza a cambiar.

Shannon es un personaje que requiere cierta paciencia, porque gran parte de su comportamiento está condicionado por todo aquello que ha vivido. Su inseguridad, su miedo, su dificultad para confiar y su tendencia a hacerse pequeña frente a los demás no aparecen de la nada. La novela muestra progresivamente las razones que hay detrás de esa actitud y eso hace que su evolución resulte mucho más comprensible. No se trata simplemente de que aparezca un chico que la salva de sus problemas: Shannon tiene que recuperar poco a poco la capacidad de sentirse segura, de aceptar ayuda y de entender que no tiene por qué enfrentarse sola a todo lo que le ocurre.

Johnny, por su parte, podría haber caído fácilmente en el arquetipo del deportista perfecto, pero la novela se esfuerza por darle una vida propia más allá del romance. El rugby ocupa una parte importante de su identidad, igual que sus compañeros, sus amigos, sus responsabilidades y las expectativas que pesan sobre él. Su conflicto con Shannon nace precisamente de esa contradicción entre lo que siente y aquello que cree que debería hacer. La frustración que genera su constante tira y afloja puede ser considerable, pero también es una parte esencial de la construcción de la relación.

Y si hay algo que consigue ampliar muchísimo la novela es el grupo que rodea a los protagonistas. Gibsie y Claire son probablemente dos de los personajes que más fácilmente se quedan en la memoria, cada uno a su manera. El humor de Gibsie sirve para romper momentos especialmente tensos y Claire representa esa amistad que no necesita grandes discursos para demostrar que está ahí. Pero también están Joey, Aoife, Lizzie y el resto del grupo, personajes que poco a poco dejan de sentirse como secundarios destinados únicamente a acompañar a Shannon y Johnny.

De hecho, la sensación de familia encontrada es uno de los elementos que mejor funcionan en *Binding 13*. La historia no habla únicamente de enamorarse. Habla de encontrar personas con las que poder reírse, sentirse protegido, discutir, pedir ayuda y compartir cosas que en casa quizá no pueden compartirse. Por eso algunos de los momentos más emotivos no tienen necesariamente que ver con el romance, sino con esos vínculos que se van construyendo alrededor de los protagonistas.

También es importante hablar del rugby, porque no está colocado como simple decoración para justificar que Johnny sea un chico popular. Los entrenamientos, los partidos, el vestuario y la relación entre los jugadores forman parte del mundo de la novela y ayudan a entender quién es Johnny y qué significa para él aquello por lo que está luchando. El deporte termina funcionando casi como otro personaje, una parte de su vida que condiciona decisiones y relaciones.

Pero *Binding 13* no es una lectura ligera en todos los sentidos. Bajo las bromas, el romance y las escenas propias de cualquier historia adolescente hay situaciones de abuso, acoso y violencia familiar que pueden resultar especialmente duras. Shannon carga con una realidad que contrasta brutalmente con la vida aparentemente perfecta que muestran algunos de sus compañeros, y la novela no utiliza ese sufrimiento simplemente como un recurso puntual para hacer avanzar el romance. Sus consecuencias permanecen en ella y afectan a la manera en que se relaciona con los demás.

Eso también explica que el libro pueda generar reacciones tan intensas. Algunos lectores encontrarán determinadas escenas demasiado largas, ciertas repeticiones innecesarias o un ritmo que tarda demasiado en avanzar. Y es cierto que Walsh no parece especialmente interesada en condensar la historia. Hay conversaciones y situaciones que podrían haberse contado en menos páginas. Pero reducirlas también habría significado perder parte de aquello que hace que tantos lectores terminen tan vinculados a estos personajes.

Porque el verdadero atractivo de *Binding 13* está precisamente en que permite convivir con ellos durante mucho tiempo. Ver cómo Johnny aprende a acercarse a Shannon, cómo ella empieza a confiar en él, cómo aparecen las bromas internas, cómo se transforma la amistad y cómo el grupo va convirtiéndose poco a poco en una especie de refugio hace que, cuando llegan los momentos más dolorosos, la implicación emocional ya sea enorme.

Y entonces llega ese final. Un cierre que no busca dejar al lector cómodamente instalado, sino obligarlo a continuar con la historia. Después de semejante cantidad de páginas compartiendo la vida de Shannon y Johnny, resulta especialmente efectivo que el libro termine dejando emociones abiertas y una necesidad casi inmediata de saber qué sucederá después.

Quizá esa sea la mejor manera de explicar el fenómeno de *Binding 13*. No es una novela perfecta, ni pretende serlo. Tiene un ritmo que puede desesperar, personajes que toman decisiones frustrantes y una escritura que no funcionará igual para todo el mundo. Pero consigue algo mucho más difícil de medir: que sus personajes importen. Que el lector quiera saber cómo están, qué les ocurre, con quién terminan, qué será de ellos y, sobre todo, que no quiera despedirse todavía.

Y cuando un libro de tantas páginas consigue que su final produzca precisamente esa sensación, algo ha hecho bien.

COMPARTIR EN REDES

ÚLTIMAS RESEÑAS