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Reseña «Nuestra señora del abismo» de Xus González

Un lugar al que cada año llegan turistas y peregrinos para disfrutar de las montañas, de las fuentes naturales y de un paisaje que parece hecho para desconectar del mundo. El problema es que en el valle de Miranda hay algo de lo que nadie parece querer hablar demasiado: durante tres años consecutivos han desaparecido trabajadores del lugar sin que nadie haya conseguido explicar qué ocurrió con ellos.

Con esa premisa, Xus González construye en Nuestra Señora del abismo un thriller que sabe muy bien dónde colocar sus piezas y, sobre todo, cuándo dejar que el lector empiece a desconfiar de ellas. Víctor Trafalgar llega al valle con un trabajo de verano que en realidad es una tapadera. Su objetivo es investigar la desaparición de Noa, la última de las personas que se han esfumado en circunstancias poco claras. Pero cuando vuelve a desaparecer una trabajadora, lo que parecía una investigación sobre un caso concreto empieza a adquirir otra dimensión.

Uno de los grandes aciertos de la novela es el escenario. El valle funciona mucho más allá de ser el lugar donde suceden las cosas. Las montañas, el aislamiento, el complejo hotelero y esa sensación de que todos se conocen pero nadie cuenta exactamente todo lo que sabe contribuyen a crear una atmósfera incómoda. El paisaje puede ser precioso y, al mismo tiempo, convertirse en algo amenazante. Cuanto más se adentra Víctor en ese mundo, más difícil resulta distinguir entre lo que simplemente parece extraño y aquello que realmente esconde algo.

Y eso es precisamente lo que González sabe manejar bien: la sospecha.

En Nuestra Señora del abismo casi todo parece susceptible de ser observado desde otro ángulo. Los personajes tienen sus propios problemas, sus silencios y sus intereses, y la investigación avanza entre conversaciones, pistas y comportamientos que pueden significar mucho o absolutamente nada. Esa incertidumbre mantiene viva la historia sin necesidad de recurrir constantemente a grandes golpes de efecto.

También se nota el conocimiento del autor sobre el ámbito policial. Las investigaciones no funcionan como una simple herramienta para llevar al lector de un giro al siguiente, sino que tienen una dimensión más creíble y terrenal. Los procedimientos, las dificultades y la manera de enfrentarse a una investigación compleja aportan solidez a la trama y evitan esa sensación, bastante habitual en el thriller, de que los investigadores siempre encuentran exactamente lo que necesitan en el momento oportuno.

Hay además una decisión narrativa que me parece especialmente interesante: los capítulos que adoptan una forma cercana a la entrevista o al documental. No siempre tienen el mismo peso dentro de la lectura y pueden romper ligeramente el flujo de la narración principal, pero cumplen una función importante al ampliar la información sobre lo ocurrido y aportar otras perspectivas. Lo interesante es que aquello que en determinados momentos puede parecer una interrupción termina encontrando su lugar dentro del conjunto.

El ritmo tampoco busca convertir cada página en una persecución. Y creo que es una decisión acertada. Nuestra Señora del abismo funciona mejor cuando deja que la investigación avance mientras el lector va acumulando preguntas. Las desapariciones, los personajes y las diferentes líneas de la historia van encajando poco a poco, hasta que algunas piezas empiezan a cambiar el significado de las anteriores.

Ahí están también los giros, que son probablemente uno de los principales motores de la novela. González sabe reservar información y jugar con las expectativas sin convertir la historia en una sucesión arbitraria de sorpresas. La sensación es más bien la de estar avanzando por un camino en el que continuamente aparecen nuevas bifurcaciones. Crees que has entendido por dónde va la historia y, cuando parece que empiezas a tener las respuestas, aparece otra pregunta.

Me ha gustado especialmente que el protagonista no llegue al valle simplemente como un investigador externo que observa el escenario desde fuera. Su propia situación personal y el motivo real de su llegada hacen que la investigación tenga una dimensión diferente. Víctor necesita mezclarse con las personas que trabajan allí, observar sin llamar demasiado la atención y moverse dentro de un entorno en el que cualquiera puede tener algo que ocultar. Eso permite que la investigación y la vida cotidiana del hotel se mezclen constantemente.

La novela gana también cuando se detiene en ese ambiente social que rodea al valle. El conflicto no se limita a descubrir qué ocurrió con las personas desaparecidas. Hay una comunidad, hay intereses enfrentados y existe un clima cada vez más tenso alrededor de lo que está sucediendo. Esa dimensión amplía el escenario y evita que todo quede reducido al típico juego de investigador, sospechoso y pista.

Nuestra Señora del abismo es, sobre todo, un thriller que sabe contar una historia y mantener la curiosidad. No necesita correr para conseguirlo. Avanza con seguridad, introduce nuevos elementos cuando corresponde y consigue que el lector quiera seguir investigando junto a Víctor. Y quizá ese sea uno de los mejores cumplidos que se le pueden hacer a una novela de este género: terminar un capítulo pensando que vas a parar y acabar leyendo otro porque todavía necesitas saber qué está pasando.

Xus González demuestra aquí que el conocimiento del mundo policial puede servir para algo más que aportar realismo. Puede convertirse en la base desde la que construir una historia con personajes, ambiente, tensión y suficientes incógnitas como para mantenerte dentro del valle hasta el final.

Y en un thriller, cuando un lugar tan hermoso como el valle de Miranda empieza a parecerte un sitio del que quizá sería mejor salir cuanto antes, es que el autor ha hecho bastante bien su trabajo.

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