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Investigados por 7 sacrificios con sufrimiento en Cantabria

24 de abril de 2026
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Siete ovejas muertas. Sangre en el suelo. Ningún control. Ninguna norma. Y once personas allí mismo, como si aquello fuera normal.

La escena que se encontró la Guardia Civil en una finca de Marina de Cudeyo no deja mucho margen para interpretaciones elegantes: animales sacrificados sin aturdimiento, sin control sanitario y sin el más mínimo rastro de las condiciones que exige la ley. No es una irregularidad. Es un retroceso.

Los agentes del SEPRONA, junto a unidades de seguridad ciudadana y Policía Local, acudieron tras una alerta. Lo que hallaron fue un escenario que no se improvisa en cinco minutos: siete ovejas ya muertas, signos evidentes de sacrificio en el propio terreno y un grupo de personas alrededor con indicios de haber participado directamente en lo ocurrido. Once investigados por maltrato animal. Y uno más: quien vendió los animales y permitió que todo esto sucediera.

 

Matar sin normas… ni límites

Las ovejas no tenían identificación. Sin crotales, sin trazabilidad, sin ningún tipo de control previo. Nadie puede decir de dónde venían, en qué condiciones estaban o si eran aptas para consumo. Pero eso no pareció importar.

Tampoco había ningún sistema de aturdimiento previo. Es decir, los animales fueron sacrificados sin las mínimas garantías para evitar sufrimiento. Y eso no es un detalle técnico. Es la diferencia entre cumplir la ley o ignorarla completamente.

Todo ocurrió sobre el suelo, en una finca cualquiera, sin medidas higiénicas y fuera de cualquier instalación autorizada. Un matadero improvisado sin control, sin supervisión y sin responsabilidad.

 

Cuando lo ilegal se normaliza

La versión que manejan los implicados es simple: compraron las ovejas y se les permitió sacrificarlas allí. Como si eso bastara para justificarlo todo.

Pero no basta.

Porque en el sacrificio de animales destinados al consumo hay reglas claras: identificación, control veterinario, condiciones higiénicas, métodos que eviten sufrimiento. Aquí no había nada de eso. Solo animales muertos y un proceso que, según los indicios, les provocó dolor innecesario.

Y todo bajo la idea de que nadie iba a mirar.

 

Un caso más… y otro peor

Como si no fuera suficiente, la investigación ha destapado otro episodio: una de las ovejas, en estado de gestación, fue encontrada en condiciones sanitarias graves. Sin atención veterinaria. Sin diagnóstico. Medicada por cuenta propia.

El resultado fue el previsible: el animal empeoró hasta el punto de que un veterinario tuvo que practicarle una eutanasia para evitarle más sufrimiento.

Ni cuidado. Ni control. Ni límite.

 

Lo que queda después

Doce personas investigadas. Informes abiertos. Posibles sanciones.

Y una imagen difícil de borrar: animales sacrificados sin control, sin garantías y sin respeto mínimo.

Porque aquí no falla solo la legalidad.
Falla algo más básico.

La línea que separa hacer las cosas bien… de hacerlo de cualquier manera.

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