El fútbol tiene días marcados en rojo. Y este sábado, en los Campos de Sport de El Sardinero, puede vivirse uno de los más grandes de la historia reciente del Real Racing Club.
Catorce años después, el racinguismo vuelve a rozar con la punta de los dedos la Primera División.
Santander ya huele a ascenso. Cantabria entera se ha vestido de verdiblanco para una cita que puede quedar grabada para siempre en la memoria de una afición que ha esperado demasiado tiempo.
Descensos, sufrimiento, años en el barro y noches interminables quedan atrás. Ahora, el Racing depende de sí mismo para culminar una temporada extraordinaria.
El rival será el Real Valladolid, un equipo que llega al Sardinero con los deberes hechos.
Los pucelanos, recién descendidos de Primera el pasado curso, han firmado una campaña muy lejos de las expectativas, pero han conseguido asegurar la permanencia con tres jornadas todavía por disputarse. Sin presión clasificatoria, sí, pero con la intención de competir y aguar la fiesta cántabra.
En las filas blanquivioletas habrá además dos nombres conocidos por la parroquia racinguista. Víctor Meseguer, cedido la pasada temporada en Santander, regresará al Sardinero defendiendo otros colores. No estará, sin embargo, Clément Michelin.
El lateral, propiedad del Racing y cedido este año en Valladolid, no podrá jugar por la conocida cláusula del miedo. El Valladolid aterriza en Santander habiendo cumplido el objetivo, aunque sus números lejos de Zorrilla invitan al optimismo racinguista: apenas 17 puntos sumados a domicilio en toda la temporada.
Todo lo contrario que un Racing que ha convertido El Sardinero en un auténtico fortín. Los de José Alberto llegan líderes en solitario y con el ascenso al alcance de la mano. A falta de nueve puntos por disputarse, aventajan en cuatro al segundo y tercer clasificado.
Las cuentas son claras. El primer paso es ganar al Valladolid. Después tocará escuchar la radio, mirar los móviles y la clasificación en directo. Jornada de transistores. Jornada de sufrimiento compartido.
Porque si el Almería no vence a Las Palmas este mismo sábado, o si el Depor falla el domingo en Riazor ante el Andorra, el ascenso racinguista será matemático.
Y mientras las calculadoras echan humo, Cantabria ya ha decidido celebrar.
El Sardinero volverá a colgar el “no hay billetes” una jornada más. Nadie quiere perderse una tarde que apunta a histórica. Se consiga el ascenso o no, la sensación es que este partido trasciende los noventa minutos. Es la recompensa a catorce años de espera. Catorce años soñando con volver. Catorce años resistiendo.
Porque este sábado no juega solo un equipo. Juega una ciudad. Juega una región. Juega una afición entera que ha convertido la ilusión en bandera.
Y si el Racing gana, el sueño será todavía más bonito.

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